30 de abril de 2017

Cómo ser caballero en la Edad Media

La palabra "caballero" la relacionamos con un selecto grupo de guerreros que protagonizaron grandes batallas durante la Edad Media. Sin embargo, para llegar a serlo se necesitaba algo más que coraje y fuerza.

Los caballeros medievales fueron personajes de gran importancia en su época. Por ello, existen muchas historias acerca de ellos, algunas reales y otras imaginarias.

Aunque todos conocemos a los caballeros de la Edad Media por portar grandes y pesadas armaduras y por su valor a la hora de presentarse en el campo de batalla, muchoa ignoran que, para ser uno de ellos, se necesitaba carácter, disciplina y mucho dinero.

1. Para llegar a caballero hacía falta ser rico.

No cualquiera podía ser investido con tal nombramiento, ya que se requería tener la cantidad suficiente de dinero para comprar el equipamiento necesario. Además, tenía que pertenecerse a una familia noble.


2. El origen de la palabra.

El término proviene lógicamente de "caballo", pues en esa época los que iban a luchar al frente de batalla lo hacían montados sobre este animal: poseer uno era imprescindible. La palabra no se originó en la era medieval, sino que se cree que surgió en la época del Imperio Romano.


3. Ser caballeroso.

Lo que hoy conocemos como caballerosidad está estrechamente relacionado con las obligaciones de los caballeros en la Edad Media. Estos hacían un juramento por el que se comprometían a ser leales al rey o a su señor, respetar a las mujeres y a los débiles y proteger a la Iglesia católica.


4. Diferentes niveles y estatus.

No todos los guerreros medievales tenían el mismo rango. Los caballeros que luchaban bajo el mando de otros eran denominados "caballeros solteros", mientras que los que comandaban grandes grupos de soldados eran conocidos como "caballeros banneret". Para subir de rango había que demostrar logros, valentía y habilidad en la lucha. En los tiempos modernos, el título de banneret se integró en la jerarquía aristocrática: se encuentra entre caballero y barón.


5. Aún existen los caballeros.

El título de caballero sigue existiendo, aunque los de hoy no llevan pesados escudos ni grandes espadas. En Reino Unido se utiliza el título de Sir, que otorga la reina de Inglaterra.


Fuente:
* María Fernández Rei, '¿Cómo se llegaba a ser caballero?' Muy Historia nº 86, pág. 33


24 de abril de 2017

El traje de buzo

Desde la Antigüedad los hombres han buscado un modo de moverse bajo el agua sin las limitaciones que impone la respiración. Se sabe que el ejército asirio tenía nadadores que respiraban a través de odres de piel de cabra, igual que los "submarinistas" romanos llamados urinatores. Sin embargo, ninguno podía alcanzar grandes profundidades.

Fue en el siglo XVI cuando se ideó un sistema que permitía mantenerse largo tiempo en el fondo del mar. Aparte de diseños visionarios como los de Leonardo Da Vinci, los sistemas que se llevaron a la práctica tuvieron que ver con una necesidad específica que surgió a consecuencia del descubrimiento de América y del consiguiente incremento del tráfico marítimo: el rescate de mercancías y pertrechos de los navíos que naufragaban.

La Corona española, entre otras, tenía interés en recuperar los cargamentos de los galeones de la Flota del Tesoro que se perdían por la acción de tormentas y huracanes. Con este objetivo promovió todo tipo de diseños que se demostrarían eficaces. Protegió a los inventores con los "Privilegios de invención" y exclusivos contratos de rescate. Estas medidas incentivaron el desarrollo de multitud de equipos innovadores. En 1539, el capitán Blasco de Garay ofreció al emperador Carlos V un "arte con que cualquier hombre pueda estar debajo del agua el tiempo que quisiere tan descansadamente como encima".

Submarinistas asirios
Poco después, en 1597, el navarro Jerónimo de Ayanz ganó una cédula de privilegio para utilizar en las Indias varios de sus inventos: unas gafas de buceo, contenedores de aire con boquilla y tubos con válvulas de purga y suministro desde superficie, que él mismo probó ante el rey Felipe III, sumergiéndose en el río Pisuerga durante una hora. Esta inmersión puede considerarse la primera referencia oficial a un equipo de buceo probado con éxito.

A principios del siglo XVII, otros dos inventores españoles crearon un auténtico traje de buzo. Diego de Ufano, un ingeniero militar español destinado en Flandes, presentó en 1613 una solución global a la recuperación de los cañones de los pecios. En su Tratado de la artillería se encuentra una bella ilustración de un buceador equipado con una chaqueta de piel de cabra con capucha y lentes de cuerno pulidas para facilitar la visión en el fondo. El buzo respira a través de una manguera que se mantiene a flote en la superficie. Este rudimentario conjunto le proporciona seguridad y autonomía mientras rescata un cañón con un instrumento parecido a un tornillo sin fin. Ufano dice en su obra: "Desto en realidad de verdad tengo hecha la experiencia"; y reconoce haberse inspirado en la recuperación de unos cañones hundidos en las Azores por unos buzos genoveses.

Diseño de Diego de Ufano

En 1623, el secretario real Pedro de Ledesma describió en una obra manuscrita el traje de buzo utilizado habitualmente para rescatar los galeones de la Flota de la Plata hundidos en Matacumbé, entre ellos el famoso galeón Atocha. El texto, acompañado de láminas, describe el invento como "segura invención para que una o dos o más personas abajen al fondo de la mar en parte donde haya 16 hasta 25 brazas de agua y que está tres y cuatro horas". De nuevo hemos de dar credibilidad a su uso práctico, puesto que Ledesma asegura: "Esta invención hice yo en 1623 en los dos cayos de Matacumbé".

Los trajes de Ufano y Ledesma -mejorados en 1720 por Alejandro Durat con fuelles y mangueras que permitían la renovación del aire- sentaron las bases para la moderna escafandra de buzo con casco rígido, inventada en 1818 por el inglés Augustus Siebe.


Fuente:
* Xabier Armendáriz, El traje de buzo: al rescate bajo el mar. Historia National Geographic, nº 161, pág. 20-21.


18 de abril de 2017

Foto histórica: El terremoto de San Francisco de 1906


En la madrugada del 18 de abril de 1906, la ciudad de San Francisco (California) despertó con uno de los terremotos más destructivos de su historia, el cual provocó la muerte de más de 3.000 personas (según una revisión realizada en 2005), la destrucción de 28.000 edificios y la pérdida de sus hogares a más de 225.000 personas. Las personas tuvieron que ser evacuadas por transporte marítimo y la mayoría de ellas vieron como perdían a sus familiares, sus casas y sus negocios. Durante más de cuatro días un intenso incendió arrasó la ciudad de San Francisco, haciendo que los destrozos fuesen aún mayores.

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